VACACIONES La Cocha: una gran cortina de agua oculta en la montaña


La cascada de Los Pizarro tiene una caída aproximada de 90 metros, rodeada por una espesa vegetación y bañada por las vertientes. La mayoría de los tucumanos y los propios cocheños no conocen el paraje. Lo mejor es hacer la travesía con un guía experimentado.
 
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PIES MOJADOS. Hay que cruzar el río tres veces, antes de llegar a destino.  |  Ampliar  (1 de 3 fotos)

El esfuerzo se siente en las pantorrillas. En la espalda, los alimentos y el agua mineral pesan dentro de la mochila. La respiración se hace más jadeante en el avance del trayecto. Para llegar hay que transpirar, trepar las piedras, cruzar el río, soportar el calor, enfrentarse a los insectos, cruzar la selva de yungas, y caminar entre 40 o 50 minutos por una senda que, a veces, se cierra de tan angosta. Pero al final hay recompensa.

Para lograrlo no hace falta tener un estado físico de atleta ni tampoco hay que ser un experto en trekking, pero sí es fundamental hacer la caminata con un guía turístico especializado o en compañía de algún lugareño que conozca el terreno. El esfuerzo de los caminantes tiene un premio mayor: descubrir una gigantesca cortina de agua helada que cae en vertical desde unos 90 metros de altura, conocida como la cascada de Los Pizarro.

Ese tesoro natural que forma la caída de agua está ubicada en La Cocha, la más pintoresca de todas las ciudades del sur tucumano, en el límite extremo con Catamarca. Sin embargo, muchos tucumanos, inclusive los propios cocheños, no conocen este majestuoso paisaje incrustrado en la montaña.

Exequiel FigueroaJorge Lonzallo y Gastón Correa, como amigos que son, tienen varias cosas en común. Los tres tienen la misma edad (19 años), viven en La Cocha, están a punto de entrar a la universidad y no conocían la Cascada de Los Pizarrro.

“Esto es maravilloso. ¿Cómo no la conocía antes?”, se pregunta Jorge. Mientras se bañan en el piletón natural al pie de la cascada se lamentan de que tardaron tanto tiempo en descubrir este paraje, rodeado de verde y bañado por agua de vertientes. Los amigos aprovechan los últimos días de vacaciones. Les queda una semana de descanso antes de dejar Tucumán. “Tenemos que viajar a Catamarca para estudiar en la Universidad Nacional de Catamarca”, detalla Gastón todavía con el cabello mojado por el chapuzón.

Para la mayoría de los tucumanos que vive en La Cocha resulta más económico estudiar en la provincia vecina. “Es más barato en traslado y en alojamiento”, detalla Gastón, que sueña con el título de licenciado en admnistración de empresas. En cambio, Exequiel y Jorge se decidieron por la carrera de Ciencias Económicas. A unos metros del grupo, una mujer no para de tomar fotografías con su cámara. Érica Torena hizo la travesía con un casco protector para mayor seguridad como lo recomienda el guía turístico, Jorge Kristal, que encabezó la expedición. Pasar el día al pie de la cascada de Los Pizarro es un obsequio para conectarse con la naturaleza.
Un paisaje campestre
Plantaciones de soja y de citrus en el comienzo de la caminata, cerca del dique los pizarro 

En la primera etapa de la caminata, el paisaje muestra enormes campos con plantaciones de soja y de citrus. La expedición comienza en los alrededores del viejo dique Los Pizarro. Después de unos 15 minutos, la frondosa selva de yungas se cierra y, para esta época del año, está cubierta de malezas. La senda está marcada, porque cada vez son más grupos de aventureros los que van de visita a la cascada. En tres ocasiones hay que cruzar el río antes de llegar a la cascada.
Un piletón natural 
Un chapuzón al pie de la segunda cascada es un energizante para preparar el descenso 

Los más osados se animan a llegar hasta la segunda cascada, pero es necesario tener un estado físico óptimo. Esta segunda etapa tiene dificultad alta. El guía recomienda subir por el cerro utilizando cuerdas, casco protector y arnés. Los intrépidos que pueden llegar aprovechan el piletón natural al pie de la segunda cascada para darse un chapuzón. El agua fría funciona como energizante reparador para preparar el descenso a la hora del atardecer, mientras la montaña cambia de colores.
La frescura de la vertiente 
Tomar las medidas de precaución que marca el montañismo para subir a la segunda cascada 

Llegar a la cumbre de la primera cascada es un regalo que nadie quiere perderse. Érica Torena dispara los flashes de su cámara para captar los recuerdos de una travesía fantástica. Desde ese punto comienza a caer el chorro de agua hasta unos 90 metros. La mujer utilizó casco de seguridad, guantes para deporte exterior, zapatillas deportivas, anillos para anclajes en roca y una mochila camelback para tener siempre disponible el agua potable.

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