Fábulas de Tomás Iriarte: El gusano de seda y la araña

Fábulas de Tomás Iriarte: El gusano de seda y la araña

Trabajando un gusano su capullo,
la araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa
muy propia de su orgullo:
¿Qué dice de mi tela el señor gusano?.
Esta mañana la empecé muy temprano,
y ya estará acabada al mediodía.
Mire qué sutil es, mire qué bella….
el gusano con sorna respondía:
usted tiene razón: así sale ella.
el gusano y la araña
Moraleja:
Consideremos  la calidad de la obra y no el tiempo que se ha tardado en hacerla.

Fábulas de Esopo: El hijo del rey y el león pintado

Fábulas de Esopo: El hijo del rey y el león pintado

Un rey, cuyo único hijo era aficionado a ejercicios marciales, tuvo un sueño en el cual fue advertido que su hijo sería matado por un león.
Temeroso de que el sueño se hiciera realidad, construyó para su hijo un agradable palacio, y para su diversión embelleció las paredes con dibujos de todas las clases de animales de tamaño natural, entre los cuales estaba el de un león. Cuando el joven príncipe vio esto, y al ser confinado adentro, su pena explotó, y estando de pie cerca del dibujo del león, dijo:
–¡Oh usted, el más detestable de los animales! por un sueño intimidante de mi padre, y por lo que él vio en su sueño, he sido encerrado en este palacio como si yo fuera un malvado. ¿Qué haré ahora?–
Terminando estas palabras, y sin más pensarlo, estiró sus manos hacia un árbol de espinas, tratando de cortar un palo de sus ramas de modo que pudiera golpear al león. Pero una de las espinas del árbol perforó su dedo y le causó un gran dolor e inflamación, de modo que el joven príncipe cayó en un desvanecimiento. Una fiebre violenta de repente se apoderó de él, y murió no muchos días más tarde.
 Fábulas de Esopo
“Afrontemos con paciencia y buen conocimiento nuestros problemas, buscando una solución correcta y no con desesperación y enojo. Obtendremos así mejores resultados.”

Cartas de Tinta Azul

Una pluma en mano y miles de palabras que dudan en salir.
Azul es el cielo y cuando llora tiñe de índigo el mar,
carmesí es la sangre que recorre mis venas y siento vida.
Vida que abunda en cada célula de nuestros cuerpos.

Guardo bajo siete llaves tus cartas, cartas en las que plasmaste
el sentimiento. Las leí varias veces, intentando descifrar
el contenido. Las llaves se encuentran esparcidas en algún
lugar del tiempo y será una peligrosa misión rescatarlas.

Cartas que sin previo aviso escribiste y que
sin previo aviso olvidaste en mis manos.
Mis sonrisas fueron eternas mientras eterno
fue tu amor. Cada palabra fue regocijo.

Una energía inexplicable, quebró el tintero y
la tintura añil corrío cuesta abajo llegando al piélago,
las olas se agitaron al saborear los vocablos frustrados y
me quedé esperando, sosteniendo hojas de papel en blanco.

Transcurridos los años, me pregunto por que ya no me alegro
al recordar nuestro idilio. Tu sombra se pasea intrusa en mis
pensamientos y tus misivas quedaron en el olvido
que provoca el amor, cuando ya no está vivo.
© Derechos Reservados, 2014 Hilda Hurtado.Añadir leyenda