Lastenia Blanco

Reconocida educadora y filántropa argentina de fines del siglo XIX. Una de las primeras maestras de Tucumán, cuya entereza y abnegación le valdría el reconocimiento de su pueblo.
Doña Lastenia Blanco había nacido en TrancasTucumán, en diciembre de 1857; se registra su bautismo en la Iglesia deSan Joaquín de Las Trancas el día 10/4/1858, como "Doña Josefa Lastenia", "de padres no conocidos".1
Doña Josefa Lastenia Blanco llevará el apellido de la familia de don Julián Blanco, representante, juez de distrito de Trancas y jefe de las tropas de defensa del departamento. Don Julián Blanco fue padre del comandante, don José Antonio Blanco Ramírez, defensor de la localidad de Trancas, fusilado en 1853 intentando defender las propiedades de los pobladores honestos, que eran víctimas de diversos saqueos por tropas y milicias de paso por la provincia de Tucumán.2
Doña Lastenia Blanco era en realidad hija de la viuda de Antonio Blanco Ramírez: doña Juana Josefa Gramajo y López, descendiente de una de las más reconocidas familias de la localidad de Las Trancas: los López.
La Señorita Lastenia Blanco fue la primera maestra de la localidad de Lules llegada a mediados de la década de 1870. A fines del siglo XIX, en Lules, existió una escuela rural provincial conocida como: “La Capilla”. Lastenia Blanco fue su directora. La escuela es nombrada también como Escuela n° 23, San José de Lules. A ella se hace referencia en el estudio « Capilla, Colegio y Fábrica de San José de Lules », publicado por Benjamín Gutiérrez Colombres en la Revista "Norte Argentino" del 15/11/1943. A la muerte de su maestra, la escuela fue cerrada y trasladada. En la actualidad la misma escuela funciona en el Ex Ingenio Lules, es la “Escuela rural Lastenia Blanco”. Lleva su nombre para honrar el recuerdo de esta mujer insigne.
La Señorita Blanco fue una muy ferviente cristiana, lo que la impulsó a participar de un proyecto que se formalizará en 1888, fecha en la que se estableció en Lules un Centro Regional del Apostolado, denominado “Apostolado de la Enseñanza”. Fue doña Lastenia Blanco su primera presidenta.3
El investigador, historiador, periodista e ingeniero, don Emilio J. Schleh Blanco, hijo de una hermana de Doña Lastenia, le dedicó algunas palabras en homenaje al tezón y abnegación de doña Lastenia Blanco:
"Una santa y noble mujer, que los viejos de la región aún recuerdan por sus excelsas virtudes y su afanosa dedicación a la enseñanza en el desamparo de la campaña. Era doña Lastenia Blanco, que ejerciera ese apostolado desde poco después de 1870 hasta 1911 en que se extinguiera su vida. Los pobres alumnos que desde largas distancias llegaban a la escuela instalada en un primitivo rancho de paja que después se transformó, muchos de ellos en cabalgaduras, haraposos y desnutridos, tenían en la piadosa directora un sedante en su miseria pues de su menguado sueldo a todo contribuía y sólo tenía palabras de bondad en medio de tanto desamparo. La orden dominicana fue por cuatro largas décadas testigo de la obra meritoria de esta santa mujer, a quien diera sepultura en el portal de la Capilla, que fuera teatro de su esforzado desempeño".4
La maestra Lastenia Blanco, falleció en Lules hacia 1911, sus restos fueron sepultados próximos a la capilla de las ruinas jesuíticas de San José de Lules.
En un rincón, un arbusto recuerda que ahí descansó Belgrano, después de la batalla de Tucumán: se creyó derrotado y le vinieron a anunciar que no, que había ganado, era 1812. Y en 1814, San Martín durmió aquí, en su camino al norte para relevar a Belgrano en la posta de Yatasto. Desde 1800 este lugar fue la Posta de San José y en 1878 llegó Lastenia Blanco, la primera maestra de la zona, trabajó hasta 1911 y está enterrada debajo de la palmera, ahí, junto a la entrada de la iglesia.5
En ese sitio se erigieron dos monolitos: uno para evocar al Gobernador Alejandro Heredia y otro a la memoria de Da Lastenia Blanco.

RUINAS DE SAN JOSE DE LULES

En las proximidades a la ciudad de Lules se pueden visitar las ruinas de la Capilla Jesuítica de San José de Lules, las cuales datan del siglo XVI, y ha sido declarado Monumento Histórico. Estas construcciones estaban hechas con cal y ladrillos, hasta que en 1998 ya en mano de los dominicos, se comenzó a reconstruir la iglesia buscando darle su aspecto original.
Estas ruinas constan de una capilla y el antiguo claustro jesuítico creado en 1670, donde se alojaban tanto los jesuitas como los indígenas lules con el fin de evangelizarlos. Un dato no menos es que se cree que fue aquí donde se proceso azúcar por primera vez en Tucumán.
Llama la atención un pileton en el patio, el cual era usado para curar el cuero y con ello hacer sandalias y, se encuentran las ruinas de los dormitorios, almacenes y talleres donde enseñaban diferentes cosas a los indios lules.
Se puede visitar en la iglesia un museo donde se exponen documentos, elementos utilizados por los jesuitas, vasijas, planos, entre otros.


 

Las ruinas de Lules albergan la historia y el legado arquitectónico de los jesuitas Se pueden realizar visitas guiadas para conocer los restos de la capilla y del convento. Un lugar que acogió a varios próceres.




IMAGEN IMPACTANTE. Los muros atraen a los turistas que llegan a Lules. LA GACETA / JOSE NUNO
Fueron declaradas Monumento Histórico Nacional en 1994 y junto con el museo de la Banda, en Tafí del Valle, y pequeñas porciones del Convento Franciscano que funciona en 25 de Mayo y San Martín, las Ruinas de Lules forman parte del legado jesuítico con que cuenta la provincia.
De la gran estancia, la capilla y el convento apenas quedan algunos restos que todavía perduran: parte de las antiguas paredes, un tabernáculo, una cruz de hierro forjado, un viejo trapiche y elementos arqueológicos encontrados en la zona a lo largo de los años. Todos los días se realizan excursiones para visitar las ruinas. También pueden concurrir los particulares sin necesidad de formar parte de una comitiva turística ya que la señora que se encarga del cuidado de la iglesia hace de guía.
Luego de la expulsión de los jesuitas de tierras americanas, por orden de la corona española, fueron rematados en 1774 los terrenos de la Estancia de Lules, a excepción de la capilla, el convento, las casas y la escuela.
En 1882 se hizo una gran reconstrucción que modificó el aspecto de la iglesia, también restaurada durante 2001. De todos modos, no se hicieron modificaciones en las ruinas, y permanecen tal cual las fue dejando el paso de los años.

Cuatro siglos de historia
Las paredes del edificio que, en algún momento fue habitado por los jesuitas, albergan dentro suyo más de 400 años de historia.
Los padres jesuitas llegaron desde Brasil en el siglo XVII para evangelizar a los aborígenes y fundar escuelas.
Los religiosos realizaron una ardua tarea para establecer una misión en el Colegio de San José. Allí había una herrería, un aserradero, carpintería y curtiembre, y en esa zona se realizaron los primeros cultivos importantes de caña de azúcar.
En 1767 fue expulsada la Compañía de Jesús de toda América. Menos de 10 años después, los dominicos solicitaron los dominios que habían pertenecido a los jesuitas y se establecieron en la finca de Lules.
El lugar, además de encerrar historia, acogió a varios de los próceres que definieron el camino del país entero. Fray Justo Santa María de Oro descansó bajo sus árboles, y Manuel Belgrano se repuso allí de sus heridas. 
A ellos se suman el coronel Crisóstomo Alvarez, que está enterrado a la entrada del templo, y el cuerpo del general Celedonio Gutiérrez, que fue varias veces gobernador de Tucumán y que yace junto a la pared de la nave.
A pesar de que sólo quedan restos del antiguo edificio, la impactante imagen de los muros, con los cerros oscuros de fondo, maravilla con su encanto a los miles de turistas que llegan a Lules todos los años para conocer parte de la historia de Tucumán.
Allí, los visitantes recorren las huellas del pasado que quedaron tras la instalación de la Compañía de Jesús y el paso de los grandes hombres de la historia argentina.
* Las ruinas están ubicadas a 18 kilómetros de la capital, sobre la ruta 301.

* Se puede ir en autos particulares o en colectivo: El Provincial y la parada está en la puerta.

* Se atiende al público todos lo días de 9 a 19.30.

* La visita guiada no tiene costo fijo. La empleada que se encarga del cuidado y brinda información recibe colaboraciones que se destinan al mantenimiento de la capilla.

LAS HUELLAS DE LOS JESUITAS Al rescate de las decrépitas ruinas de Lules A 400 años de la llegada de la Compañía de Jesús a Tucumán, el predio en el que se levantó uno de sus principales establecimientos, y que es Monumento Histórico Nacional, se encuentra descuidado. A tal punto que, a pesar de que recibe visitas de turistas durante todo el año, ni siquiera hay agua en los baños. La Provincia y la Nación buscan recuperarlo

PARED ESTAQUEADA. Los turistas pasean junto a un viejo muro apuntalado. “Fue construido sobre cimientos jesuíticos”, dijo fray Juan José Herrera. LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIOHace 400 años llegaba a Tucumán la Compañía de Jesús, fundada por San Ignacio de Loyola. Los jesuitas desarrollaron una gran obra espiritual, social y educativa. En tierras tucumanas dejaron su huella en cuatro lugares: en Tafí del Valle, donde construyeron la capilla de La Banda; en La Cocha, donde levantaron el templo de San Ignacio que está dentro del cementerio; en San Miguel de Tucumán, donde ahora está el templo de San Francisco, y en San José del Monte de Lules, donde se hallan los vestigios más importantes, porque es allí donde se establecieron durante 154 años, hasta su expulsión en 1767, por orden de rey Carlos III de España. Nunca más volvieron a Tucumán.

Mañana, día del cumpleaños número 77 del papa Francisco, que también es jesuita, se oficiará una misa en la histórica capilla San José de Lules. La presidirá el arzobispo, monseñor Alfredo Horacio Zecca a las 9.30, a la vez que se recordará la llegada de los jesuitas y su tarea social y evangelizadora en estas tierras. Después, autoridades del Ente de Turismo y de la municipalidad de Lules presentarán un proyecto de mejora de la infraestructura turística del lugar.

En la estancia de Lules, los jesuitas tenían sus talleres de artes manuales, como carpintería y herrería y una escuela de primeras letras. Además tenían un cañaveral y un trapiche donde fabricaban azúcar para consumo interno. En la herrería producían espuelas, frenos y herramientas. Hasta poseían una fábrica de sombreros y en la carpintería se construían carretas, carretones y carretillas que tanta fama dieron a Tucumán en los siglos XVII, XVIII y XIX, cuenta en su “Síntesis de la Historia de las ruinas de San José de Lules” Roberto Zavalía Matienzo, director del Archivo Histórico de la Provincia.

A fines del siglo XIX, la capilla fue reconstruida por los dominicos sobre los primitivos cimientos de los jesuitas.

El predio tiene un enorme valor histórico. En 1944 la capilla de San José de Lules fue declarada monumento histórico nacional. En ella están enterrados el ex gobernador Alejandro Heredia y el guerrero Crisóstomo Álvarez. Sin embargo, el aspecto de las ruinas es tristísimo. La tumba del primero, “guerrero de la Independencia”, como lo nombra su placa, está llena basura.

No hay objetos que hayan pertenecido a los jesuitas y los carteles indicadores son apenas unas láminas oscurecidas por el tiempo. De no ser por la siempre bien predispuesta guía y casera del lugar, Norma Contreras, nada se entendería de aquellos vestigios mudos y apuntalados porque parecen a punto de caerse. De todos modos, el delegado en Tucumán de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, Ricardo Salim, asegura que “no hay riesgo de derrumbe”. Aunque recibe turistas todo el año, no hay agua para los sanitarios. Sin embargo, cuando llueve, el coro, que está clausurado, se inunda. En un rincón, sin que medien indicaciones, hay un rectángulo sin piso que muestra los cimientos originales de la iglesia.

La Provincia y la Nación han presentado un proyecto para su puesta en valor, que incluye el cambio de nombre del predio. Quieren que dejen de ser las “ruinas” para convertirse en las “misiones” jesuitas de San José de Lules. Pero hay otro problema: la comunidad de frailes dominicos, a quienes pertenece el predio, insiste en que no se trata de misiones ni de ruinas jesuíticas, porque según dicen, lo que todavía está en pie fue levantado por los dominicos, eso sí, sobre cimientos de construcciones jesuíticas.

Punto de vista - Teresa Piossek Prebisch (Miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia - Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Tucumán)

La admirable Compañía de Jesús


Lo que más admiro al estudiar la acción de la Compañía de Jesús es el alto nivel cultural de sus miembros y su eficiencia en lo que emprendían, cualidades de las que fue paradigma el misionero filólogo P. Alonso Barzana, integrante del primer grupo de jesuitas que llegó al antiguo Tucumán, en 1585.

Había estudiado Filosofía, Teología, Trivium y Cuadrivium en la Universidad de Baeza, y poseía un notable don de lenguas. Cuando sus superiores lo destinaron al Perú, aprendió quichua, el idioma del imperio incaico, lo que marcó su iniciación como experto en lenguas aborígenes. Esto lo llevó a realizar una labor cultural singularmente valiosa pues, mientras recorría tierras peruanas, tucumanas, santiagueñas o chaqueñas evangelizando y enseñando normas de buen vivir a los indígenas, recogió sus lenguas en obras que él titulaba Arte y Vocabulario -gramática y diccionario-, entre ellas del aimara, puquina, kakán, tonocoté, toba, guaraní, querandí. Se conservan siete de estas obras, aunque se calcula que escribió nueve más, hoy lamentablemente perdidas. Simultáneamente Barzana consignó datos sobre costumbres, vestimenta, rituales de las comunidades que conoció, lo que constituye un panorama antropológico fundamental para el estudio del pasado argentino. Fue uno de los más interesantes personajes de nuestra historia colonial.

El proyecto de puesta en valor

- El objetivo es consolidar las ruinas de Lules como uno de los principales legados de los jesuitas en Tucumán.
- Posicionar el sitio histórico como un producto con igual jerarquía que sus pares en Córdoba y Misiones.
- Se colocará cartelería que invite a conocer las misiones jesuiticas de San José de Lules.
- Se incluirán paneles informativos e interpretativos.
- Pondrán iluminación en el museo y en los jardines.
- Se exhibirán en vitrinas objetos que pertenecieron a jesuitas.

¿Quiénes son los jesuitas?

- La Orden de la Compañía de Jesús fue fundada por Ignacio de Loyola y aprobada por el Papa Paulo III en 1540.
- Hacen votos de pobreza, castidad y obediencia. Tratan de imitar el estilo de vida de Jesús pobre y humilde.
- Los primeros jesuitas llegaron al país desde Perú.
- Eran grandes conocedores de las lenguas indígenas, lo que consideraban indispensable para la evangelización.
- Crearon la primera Universidad en la Argentina y colegios.
- Trabajaron en la promoción integral a través del trabajo.

Las Ruinas de Lules ...Morena Chacana

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Ruinas de San José de Lules

El turista que visite las Ruinas de San José de Lules, a sólo 23 kilómetros de San Miguel, podrá conocer la escuela, los dormitorios y el almacén de los indios Lules, el convento de los Jesuitas, una capilla y decenas de objetos de un valor incalculable que hacen a nuestra cultura y raíces.
No es en vano que las Ruinas de San José de Lules sean Monumento Histórico Nacional desde 1944: son un vivo testimonio de la época de la conquista española y los jesuitas cultivaron allí por primera vez la caña de azúcar.
Están formadas por una antigua Capilla y un Convento que fueron fundados por los Jesuitas en 1670, en donde el visitante podrá observar elementos originales, elaborados y utilizados por los padres de la Compañía de Jesús.
El convento de San José de Lules desborda historia: allí se ubican los dormitorios, el almacén, los talleres y el colegio donde estudiaban los Indios Lules y allí funcionó además el primer colegio público de la Argentina. Y eso no es todo: Manuel Belgrano y José de San Martín acamparon allí durante las guerras de Independencia.
En la antigua sacristía, funciona el museo.