Los corsos son más que baile, color y bombos

¡SE VIENE EL CARNAVAL!


Las agrupaciones de comparsas, murgas y caporales trabajan todo el año para mostrarse en carnaval y realizan una importante labor social
 
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DESPLIEGUE. Los bailarines están entrenados para agacharse y levantarse rápidamente al compás de la música. la gaceta / foto de Adrián Lugones  |  Ampliar  (1 de 3 fotos)

A la orden del silbato, los bombos marcan el ritmo del baile. Atraídos por el sonido y los colores, muchos transeúntes detienen su marcha frente a LA GACETA para observar el despliegue. Los corsos arrancan aplausos de algunos niños que miran la escena deslumbrados.

En el centro, una bruja vestida de negro contrasta con el resto. El personaje oscuro está rodeado por otros en rojo, blanco, bordó, azul y muchos tonos más. Las edades de los danzarines van desde la que recién está dando sus primeros pasos hasta el referente que ya tiene seis décadas (el Indio Teuco). Todos forman parte de la Asociación Tucumana de Coordinadores de Corsos (ATC).

Su presidente, Ariel Díaz, define a los corsos como “una fiesta multitudinaria donde participan comparsas, murgas, batucadas, caporales y tinkus”, todos ritmos y culturas llegadas desde distintos lugares. Dentro de la ATC conviven 31 comparsas: entre ellas figuran El Rettoke; Nueva Ilusión; Águilas Doradas; Sumak Nawi; Aixa; Fiesta Caribeña; Los Milagros; Estrella Marina; Estrella del Norte y La Fusión.

Estos grupos se preparan todo el año para lucirse en esta época de carnaval. Para alcanzar la excelencia en el baile, ensayan casi todos los días entre diciembre y marzo. Pero el sacrificio no termina ahí: también tienen que buscar cómo cubrir los gastos de trajes (entre $3.000 y $4.000 cada uno, y distinto de año a año) y del transporte para ir a donde se presenten. Muchos actúan en fiestas particulares, organizan eventos y rifas, o venden comida y bonos contribución.

“Cuando algunos no tenían para los trajes, salíamos a juntar botellas y plásticos, los vendíamos y juntábamos algo de plata”, recuerda Andrés Gutiérrez, que tiene 22 años, es de Villa 9 de Julio y desde los cinco baila y toca en una comparsa.

Antonella tiene 10 años y desde los dos baila porque le gustaba verla a su hermana cuando lo hacía. “No les cuento a mis compañeros de la escuela, porque me hacen burla”, susurra tímidamente mientras se agarra los rulos.

Frente a esto, Díaz explica que se estigmatiza a quienes participan de los corsos. “Hay mucha gente humilde, de la periferia, y por eso muchos creen que esto es de pobres. Pero nos sentimos orgullosos de lo que hacemos, porque nos gusta y nos permite ver las necesidades y los problemas”, manifiesta enérgicamente. Jorge Karim, vocero de la ATC, agrega que sobran los flagelos como la droga y el alcohol, pero faltan espacios de contención como los que las comparsas ofrecen.


Aldana Escobar empezó hace ocho años a bailar caporal y tinku porque le gusta y por una promesa a la Virgen de Urkupiña (advocación boliviana, al igual que estas danzas). La joven, que tiene 25 años y estudia Enfermería, está a cargo de un grupo de Bella Vista en el que participan 60 personas. Para ella, los gobiernos generalmente no saben apreciar el valor de los corsos y prestan más atención y ayuda a otras expresiones artísticas, mientras ellos salen adelante por sacrificio propio. “Los chicos que están en esto mantienen la mente en algo sano y bueno. La idea es también contenerlos a ellos de tantos peligros e inculcarles buenos valores”, sostiene.

Los entrevistados coinciden en que se involucran en los corsos por los chicos, para contenerlos y darles la oportunidad de que se muestren ante el público. “Lo mejor es ver cuando la gente los aplaude y les saca fotos”, afirma con orgullo Karim.

Como aspiración máxima, los integrantes de ATC sueñan con llegar al carnaval de Gualeguaychú y, localmente, presentarse en la plaza Independencia.

el rey comparsa.- José Lobo (El Indio Teuco) es uno de los fundadores de los corsos en la provincia. Hace 33 años que llegó a Tucumán trayendo estos bailes desde su Salta natal. Hoy, con 60 años, sigue con su silbato al cuello y bailando al ritmo de los bombos.

llegó en escoba.- En cada comparsa hay un representante del rey Momo, el monarca del carnaval. Ayer, en el desfile que hicieron varios bailarines por el microcentro, una bruja hizo ese papel, que también puede ser interpretado por un diablo o un indio.

desde la cuna.- Una nena de un año y cuatro meses baila sus primeros pasos junto a su mamá, que pertenece a una comparsa de Villa Amalia. Cerca de ellas está Cristal, en brazos de su padre: tiene dos meses y no se inmuta ante el volumen de los bombos.

escenario inclusivo.- “Una vez, a un chico en silla de ruedas que nos veía en El Manantial, lo acerqué al centro, le di mi instrumento y tocó feliz de la vida”, relató Andrés Gutiérrez, de El Rettoke.

diferentes bailes.- La comparsa es típica de Brasil, con un estilo más provocativo. La murga tiene una gran influencia uruguaya. Y los caporales y tinkus llegan desde Bolivia.

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